Una oración que le gustaba al abuelo
Todas las noches velaste por mi descanso, y aunque estaban mis ojos por el sueño cerrados, yo te sentía cerca y buscaba ese hueco seguro de Tus manos. Ahora que de nuevo mis ojos a la vida se abren asombrados, me levanto a decirte la primera palabra que articulan mis labios; ¡Gracias! Te digo ¡Gracias! por todos tus cuidados, pero no me abandones, pues sé que no podría vivir ni un instante mi soledad sin Ti. Llena con tu ternura todas mis oquedades, llena con tu cariño Padre cualquier rincón que encuentres en mí. Todo esto que te pido es en mí tan humano que no podrás negarte. Dame entonces, la mano y vamos a empezar nuestra jornada: Tú con tus infinitas suavidaes y yo bajo la luz de tu mirada.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home